Motores reconstruidos, una solución tecnológica y fiable

A lo largo de los años, cuando hablábamos de la sustitución del motor de un vehículo, casi se podía decir que era sinónimo de despedirse del mismo. La factura del taller podía terminar aproximándose al valor de mercado del propio automóvil o superándolo.

Todo esto lo que hacía era que muchos conductores optasen por venderlo, mandarlo al desguace o adquirir otro modelo.

En la actualidad, este panorama ha cambiado. Hay una opción que es cada vez más habitual entre los propietarios, talleres y aficionados al motor: los motores reconstruidos.

No estamos ante un motor usado y ya, ni es tampoco una reparación rápida para salir así del paso. Los motores reconstruidos pasan por un proceso técnico profundo en el que se va a montar, inspeccionar, medir y volver a montar, sustituyendo los elementos que no cumplen su función. Si se ejecuta bien, este trabajo hace posible que se recupere la fiabilidad del conjunto, alargando la vida útil del coche por bastantes kilómetros.

En el caso del público tecnófilo, el interés va mucho más allá del ahorro. La reconstrucción nos habla de ingeniería, de economía circular y de una manera menos impulsiva de relacionarnos a nivel tecnológico.

Se realiza un análisis sobre qué falló, recuperando lo que todavía es válido y se van renovando las piezas críticas.

¿Qué es exactamente un motor reconstruido?

Los motores reconstruidos parten habitualmente de un bloque que tuvo un uso previo, pero que no se limita a limpiar el exterior y a sustituir una pieza evidente. El proceso de mayor seriedad comienza al realizarse el desmontaje completo de componentes del motor.

Partiendo de ahí, lo que ocurre es que las piezas se limpian y quedan sometidas a controles para ver su desgaste, deformaciones, tolerancias, daños o fisuras. Los elementos que no cumplan con las especificaciones se van a sustituir y los que se puedan recuperar pasan a ajustarse o rectificarse.

Luego se ensambla el motor y se sigue un orden de montaje, así como aprietes precisos, en los que hay juntas, retenes y nuevos consumibles.

La idea con la que debes quedarte es fácil: no se debe comprar un motor que tenga una procedencia desconocida, sino una unidad revisada con criterio técnico. El nivel de intervención exacto dependerá del modelo y proveedor, pero un trabajo de reconstrucción es algo que implica una inspección interna, medición y sustitución de los componentes de desgaste.

No es lo mismo que un motor de desguace

Muchas veces suele haber confusión, ya que las dos opciones parten de un motor que ha estado circulando. Lo cierto es que tanto los riesgos como el valor son diferentes.

Un motor de desguace se vende tal y como se extrajo de un vehículo, con un kilometraje declarado o estimado y una garantía limitada. Puede que salga perfecto, pero también arrastra un desgaste interno que no se ve desde fuera.

Los motores reconstruidos han sido abiertos. De esta forma se puede saber el estado real del interior e ir actuando sobre él mismo. Cuando unos casquillos tienen desgaste, se cambian. Si la culata precisa comprobar la estanqueidad, se hace. Si los segmentos, juntas o retenes llegaron al final de la vida útil, pasan a sustituirse.

Dicho de otra manera, en un motor usado se compra una incógnita que es razonable, pero en los reconstruidos el usuario lo que paga es porque se reduzca dicha incertidumbre.

No hablamos de que los motores reconstruidos sean perfectos, pero sí de que el proceso tiene una trazabilidad técnica que no se ve en una unidad de segunda mano.

El proceso: desmontar, medir y devolver la precisión

La reconstrucción de un motor tiene mucho de artesanía industrial. Pese a que hay maquinaria, bancos de prueba y mediciones digitales, una parte importante del resultado va a depender del criterio de quienes interpreten el desgaste y decidan qué piezas van a estar dentro de la tolerancia.

El proceso suele seguir una secuencia parecida a esta:

Recepción e identificación del motor

Se procede a comprobar el código de motor, las variantes y la compatibilidad existente con el vehículo de destino. Estamos ante dos unidades que pueden parecer iguales, pero que pueden tener diferencias de importancia en los sensores, en la gestión de la electrónica y en los periféricos.

Desmontaje completo

Separación del bloque, culata y componentes internos para la revisión del conjunto sin que se oculten los daños detrás de una junta o tapa.

Limpieza técnica

Los depósitos de aceite, carbonilla y residuos se van a eliminar para que las superficies se puedan inspeccionar bien.

Medición y diagnóstico

Se van a verificar los cilindros, cigüeñal, culata, guías, válvulas y otros elementos que trabajan con unas tolerancias bastante pequeñas.

Rectificado o sustitución

Las piezas recuperables se van a mecanizar cuando proceda. En el caso de las piezas de desgaste o las dañadas, se van a reemplazar por los recambios adecuados.

Montaje y ajuste

El motor se va a ensamblar con pares de apriete y secuencias en concreto, utilizando retenes, juntas y lubricantes de montaje apropiados.

Control final

Dependiendo del proveedor, se hacen comprobaciones de presión, compresión, estanqueidad o pruebas en el banco antes de que se realice la entrega.

Estamos ante un trabajo de gran minuciosidad, ya que el motor dependerá de que bastantes piezas se muevan de manera coordinada a miles de revoluciones por minuto.

Un pequeño error en cuanto a tolerancia, lubricación o montaje puede acabar convirtiéndose en una avería costosa. Por todo ello, la calidad de los reconstruidos no va a residir solamente en piezas nuevas, sino en el propio control de todo el proceso.

¿Por qué encaja en una época de tecnología reparable?

En el marco de la electrónica de consumo, se habla cada vez más del derecho a reparar, de la obsolescencia programada y de lo necesario que es alargar la vida de los dispositivos.

Cuando hablamos del sector del automóvil, hay que pensar que esta conversación lleva muchas décadas sobre la mesa, pese a que ahora tenga una dimensión nueva debido al precio de los coches, la complejidad mecánica y la presión porque se reduzcan los residuos.

La reconstrucción de un motor ayuda a evitar que haya que fabricar desde cero buena parte de un conjunto formado por metal, energía y procesos industriales intensivos. El bloque, el cigüeñal o la culata pueden continuar teniendo validez si se revisan bien.

La recuperación no equivale a que se baje el estándar; significa que se aprovecha un recurso técnico que todavía tiene margen de uso.

Para bastantes propietarios de coches que ya tienen unos años, debemos tener en cuenta que la alternativa no es tener que escoger entre un motor nuevo y uno reconstruido. Lo que ocurre es que la decisión está entre reparar bien el vehículo o descartarlo antes de tiempo.

Cuando la carrocería, el chasis, la transmisión y el resto del vehículo están en buen estado, la sustitución del motor por una unidad reconstruida tiene bastante sentido.

A mitad de camino, lo más importante es acudir a proveedores expertos que expliquen claramente qué se hizo en cada unidad, los componentes que se han sustituido y qué condiciones cubrirá la garantía. Reconstruidos Mober afirma que lo mejor cuando se trabaja con motores, culatas y turbos reconstruidos es poner el foco en la revisión técnica de las piezas, los controles de calidad y en la compatibilidad del recambio con el propio vehículo.

¿Cuándo merece la pena reconstruir?

No existe una respuesta universal. Todo dependerá del valor del coche, del coste total que tenga la operación, de cómo se encuentre el vehículo y de las expectativas de utilización. Existen situaciones en las que un motor reconstruido es una opción de lo más lógica.

Una de ellas es cuando hablamos de un coche conocido y con buen mantenimiento. Si su propietario sabe que el embrague, la caja de cambios, la suspensión y la electrónica están en buenas condiciones, la inversión en el motor puede ayudar a que la vida del vehículo dure bastantes más años.

Esto tiene sentido en los modelos que cuentan con una magnífica reputación, versiones complicadas de encontrar o vehículos profesionales que precisen de volver al trabajo cuanto antes, mejor.

Un turismo familiar, un todoterreno o una furgoneta que estén bien equipados pueden acabar justificando mejor dicha inversión que un coche que haya quedado deteriorado por bastantes frentes.

Esto puede ser una solución para muchos entusiastas. Existen coches que carecen de gran valor económico, pero sí de gran valor personal o técnico. En esta serie de casos, reconstruir el motor permite que se conserve una unidad que sería complicada de sustituir por otra equivalente.

Las averías que llevan a esta decisión

El motor no se va a reconstruir por cualquier clase de problema; piensa que la reconstrucción entra en escena cuando hay un daño interno de importancia o un desgaste acumulado que comprometa su funcionamiento.

Hay señales clásicas como el consumo excesivo de aceite, pérdida de compresión importante, humo azul persistente, presencia de virutas metálicas en el aceite. Del mismo modo, se puede plantear después de una avería de lubricación o que haya una fisura en la culata.

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