Cambia la forma en la que los españoles nos movemos

La pandemia que está solando todo el planeta, lo crean los negacionistas o no, está cambiando el mundo en muchísimos sentidos. Las familias están empezando a invertir más en confort y calidad de vida y menos en viajes, y los que se van de viaje están empezando a optar más por el turismo rural que por los viajes a gran escala cruzando fronteras. Las terrazas, aunque siguen llenas, no tienen la misma afluencia que antes o, por lo menos, no la misma clientela ya que muchos de nosotros estamos tomándonos la vida de otra manera.

Sin ir más lejos, mi familia ha tomado la decisión de disfrutar más del aire libre y huir de centros comerciales o concurridas terrazas. Salimos más a pasear  por la playa (tenemos suerte de vivir en la costa) y menos a curiosear tiendas. Además, pasamos más tiempo en casa, disfrutando los unos de los otros y del relax que eso conlleva. ¡Incluso hemos desempolvado algunos juegos de mesa que no salían del cajón desde hace años! En cierto modo, habíamos olvidado lo bien que lo pasábamos con ellos y retomar la costumbre ha sido todo un acierto.

Pero además de en el turismo, la restauración  y otros sectores relacionados, este cambio de comportamiento en muchas personas ha provocado también un cambio notorio en otro sector, el del motor.

Adiós a los automóviles compartidos

En todas las ciudades, sobre todo en las grandes urbes españolas, miles de trabajadores comparten coche y gastos de gasolina para ir a trabajar. Esto, en otras circunstancias, ha sido aplaudido tanto por ecologistas que apoyan esta iniciativa para evitar que haya el doble o el triple de coches circulando y emitiendo CO2, como por Ayuntamientos y otras entidades que han conseguido evitar, o agilizar, grandes atascos en hora punta gracias a fomentar el uso de coches compartidos y, por supuesto, el transporte público.

Sin embargo, ahora esto ya no está tan bien visto ya que normalmente los compañeros de trabajo no son miembros de un mismo núcleo familiar y, por ende, ir en un mismo vehículo do, tres, cuatro y hasta cinco compañeros de trabajo es un peligro de contagio a pesar de llevar todos la mascarilla puesta.

Los profesionales de Autofer, concesionario Renault y Dacia en Madrid, están promocionando muchísimo en su web los automóviles que ahora se conocen como SUV, y por supuesto los monovolúmenes y familiares, precisamente porque son los que más demanda están provocando. Según algunos expertos, la compra de estos vehículos de amplio espacio interior se estaba viendo incrementada antes de la pandemia tanto por la comodidad que aporta a las familias con hijos como por la posibilidad de darles un uso compartido entresemana. Sin embargo, y a pesar de que las ventas de estos modelos siguen siendo buenas por parte de las familias, ya son menos los que buscan algo así por temas laborales.

Podríamos pensar que esos usuarios que ya no quieren compartir vehículo por prevención están empezando a usar más los medios de transporte públicos pero la realidad es que eso tampoco está siendo así.

Si bien es verdad que podemos seguir viendo vagones de metro a reventas y autobuses donde no cabe un alma en ciertos momentos del día (algo que preocupa, y mucho, a Sanidad), también son muchos los que están buscando alternativas. Y es que quien tiene que ir a trabajar y carece de vehículo propio va a seguir cogiendo el medio de transporte público porque, básicamente, no le queda otra opción y obviamente no va a perder el trabajo. De ahí que las autoridades estén buscando soluciones a este tipo de aglomeraciones, aunque hay otras que miran hacia otro lado (no voy a señalar a nadie pero hay cierta personaje en la capital que se merece el premio a la organización desastre).

Sin embargo, un porcentaje de usuarios de esos medios de transporte públicos más o menos grande (aunque no tan grande como para que se note de forma generalizada) y muchos trabajadores que antes compartían vehículo para ir a trabajar, han encontrado otra solución a este problema: las motos eléctricas.

La compra de un automóvil de segunda mano, económico, no es ya tan rentable como lo era antes pues al no seguir la nueva normativa en lo que a emisiones de CO2 se refiere, esos vehículos tienen ciertas trabajar para circular en algunas zonas de las grandes ciudades y ya no merecen la pena. No obstante, la compraventa de vehículos de segunda mano sigue muy presente, solo que no tanto como antes, mientras que la compra de automóviles de kilómetro 0 sí está un poco más en auge pero, obviamente, ya no salen tan económicos como los que ya tienen algunos años de circulación en carretera.

Esto ha provocado que muchos usuarios vean en las motos eléctricas la solución perfecta. Tal y como explican en el blog de Scoomart, la motor eléctrica con batería extraíble te da la autonomía que necesitas sin perjuicios notorios. Por un lado, es mucho más económica que cualquier vehículo y, por supuesto, es ecológica. Por otro lado, nos da la oportunidad de viajar solos sin, por lo tanto, ningún contacto que pueda transmitirnos el virus, y por último, al poder subir la batería diariamente a casa para cargarla en cualquier enchufe común (tiene forma de maletón y se extrae e inserta con facilidad) se elimina el hándicap de no tener garaje privado o tenerlo pero sin punto de recarga.

¿Esto qué es exactamente lo que puede provocar? Pues no viene nada mal que haya más motos en circulación para aliviar un poco las carreteras españolas de atascos en horas punta pero además, el hecho de que sean ecológicas nos protege un poco a todos pues todo aquel que viaja en un vehículo eléctrico no contaminante no lo está haciendo en un vehículo con grandes emisiones de CO2, básicamente. En otras palabras, menos emisiones, menos atascos y más protección frente al coronavirus.

Conclusión, no solo hemos modificado nuestro comportamiento en el tiempo libre, en casa, en nuestros viajes y en nuestra forma de ver el mundo, sino también en cuanto al transporte se refiere y yo todo lo que veo son ventajas.

Hay que encontrar los beneficios

Está claro que nadie quería la pandemia en su vida y que si todos pudiéramos volver unos meses atrás y evitar su aparición lo haríamos. Eso quiero dejarlo claro porque no pretendo dejar un mensaje en este artículo que venga a decir que la pandemia ha sido positiva, por no lo está siendo ni por activa ni por pasiva. Los muertos en todo el mundo pasan ya del millón y las personas con secuelas por la enfermedad son tantas que no hay estimación posible ahora mismo.

El Covid19 está siendo horrible para la economía de casi todos los sectores industriales y para cualquier empresa, por grande o pequeña que sea, y para colmo aún no se ha terminado esta pesadilla. Pero yo, siendo fiel a mi personalidad y a mi modo de ver el mundo, quiero encontrar el lado bueno de las cosas, por malas que sean, y por eso he hecho una lista de los beneficios que la pandemia ha podido traernos:

  • Damos más valor a la familia.
  • Pasamos más tiempo juntos en casa.
  • Hacemos más cosas al aire libre con amigos, familiares o solos.
  • Pasamos menos tiempo en centros comerciales y más tiempo haciendo actividades de ocio mucho más sanas.
  • Hemos pasado varios meses en los que la contaminación ha caído notablemente gracias al casi nulo tráfico y la paralización de las fábricas.
  • Estamos contaminando menos de forma generalizada.
  • Estamos más concienciados a nivel social de lo que es o no prudente hacer.
  • Usamos más las piernas y menos los vehículos.
  • Valoramos más nuestra libertad.
  • Somos felices con menos cosas.
  • Damos la importancia que merecen a algunos momentos con toda la familia reunida en comidas especiales o, simplemente, tomando un café con abuelos y nietos reunidos.
  • Valoramos mucho más la educación y la labor que los profesores hacen para con nuestros pequeños.
  • Hemos encontrado en las nuevas tecnologías el verdadero uso que debíamos darles.
  • Se ha implantado el teletrabajo en nuestro país fomentando así la conciliación familiar y apoyando a algunos trabajadores que tenían problemas para desplazarse.
  • Se han creado ayudas que intentan proteger a las familias más vulnerables.
  • Se ha puesto el ojo sobre la higiene en cualquier tipo de establecimiento que sirva o venda productos de alimentación.
  • Estamos empezando a comprender la importancia que tenía la cultura en nuestras vidas: cines, teatros, conciertos, espectáculos de todo tipo, etc.

Y seguro que si nos estrujamos un poco más el cerebro encontraríamos más cosas que esta situación nos ha traído y que no son del todo negativas.

Lo que ahora espero con ilusión es que la pandemia desaparezca, llegue la vacuna y con ella la calma, la tranquilidad, pero que no se vayan todo estos buenos hábitos que hemos ido ganando en estos meses. Sería algo así como el final más feliz que podemos esperar, ¿no?

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