La tecnología es útil y necesaria para que el hombre sea lo que es, siendo esta aparejada a la condición humana desde que el hombre existe. Las comodidades con las que cuenta el hombre gracias a la tecnología son innumerables, y se multiplican casi a diario: almacenar información, acortar distancias, comunicación instantánea… La tecnología nos provee de una vida mejor, pero también nos hace dependientes de ella.

La tecnología representa más que ninguna otra disciplina humana la condición de superación y progreso que ha acompañado desde siempre a nuestra especie. Esta ciencia se ha desarrollado a imagen y semejanza de la mente humana, pero ha excedido el desarrollo de esta. Y es que en la actualidad la tecnología se desarrolla a una velocidad mucho mayor que los cambios que ha podido sufrir la mente humana en las últimas décadas. Las máquinas actuales igualan o superan las capacidades humanas (todos recordamos cuando el Deep Blue logró vencer al campeón de ajedrez en el año 1996).

Vistas las evidencias, ¿cuáles son las consecuencias de la tecnología en la vida humana? ¿Podemos hablar de una verdadera evolución vistas las limitaciones en nuestras capacidades?

Desde el inicio de los tiempos, el hombre ha soñado con conquistar diversos territorios: dominar el tiempo, crear seres artificiales, recrear la realidad, acortar las distancias, explorar lo desconocido… Muchas de estas pretensiones han sido alcanzadas gracias a la evolución de los ordenadores y otras máquinas. La evolución de la tecnología, según los tecnófilos, habría servido para alcanzar la felicidad, no solo por las comodidades que ofrece sino por el placer que producen las metas alcanzadas.

Aunque la tecnología es necesaria para el hombre, no dejan de existir los tecnófobos, contrarios a la vida rápida y artificial que proporciona la tecnología, algunos por ideales naturistas y otros por el propio miedo a lo desconocido ante una ciencia que se escapa de las manos y del entendimiento, superando así a muchos de sus contemporáneos.

Las máquinas actuales son capaces de generar hipótesis, descifrar idiomas antiguos, deducir leyes e incluso evolucionar por sí mismas. Y todo ello de manera autónoma.

Según esto, la otra cara de la moneda es el consecuente deterioro de la calidad y capacidad del pensamiento humano debido al excesivo uso de las nuevas tecnologías, que conllevan una pérdida en la capacidad de concentración. Además, con la “excesiva” ayuda de estas máquinas, los razonamientos humanos se ven simplificados, rozando los peores augurios de películas y relatos apocalípticos en los que las máquinas se apoderan de la voluntad de los hombres, absolutos dependientes y confiados en la infalibilidad de estas.

No llegaremos tan lejos en nuestras páginas virtuales, sino que dedicaremos nuestro espacio a tratar las tecnologías que han beneficiado y benefician a nuestra especie e todos los ámbitos.

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